lunes, 13 de febrero de 2012

Let's talk about Malvinas

Cuando tenía tres, iba a una guardería bilingüe que se llamaba The Play Garden, y mi señorita se llamaba Miss Maureen. Ella me enseño muchas de las canciones que le canto hoy a Felipe antes de que se vaya a dormir, como por ejemplo una que habla de unos monos que saltaban en la cama hasta que uno se rompe la cabeza y la mama llama al doctor. Mis padres estaban fascinados con la idea que yo pudiera comunicarme en inglés desde tan chico y me mandaron a tomar clases al British School. Empecé a leer historias como la del Monstruo de lago Ness y a soñar con viajar Escocia e Inglaterra, escuchar a los gaiteros y subirme a un ómnibus de dos pisos. En 1982 había desarrollado una insipiente anglofilia que sobrevivió de manera moderada hasta el día de hoy. En Abril de ese año estalló la guerra de Malvinas. En el patio del colegio Zorrilla, donde hice mi educación primaria, cantábamos “El que no salta es un inglés” y había que saltar si no te sometían a capotón lloroso, que consistía en golpes de puño en la espalda hasta que sucumbieras al llanto. Me acuerdo con definición cinematográfica de la Señorita Teresa de quinto grado, el epítome de la maestra ciruela, gorda, buena, con un lunar en el labio y una voz resonante de contralto ronca. Todas las mañanas la Señorita Teresa nos recordaba que nuestros valientes soldados habían ido a la guerra a defender a la patria y nos instaba a escribirles cartas y enviarles chocolates, como parte de una campaña nacional.  A la hora de salir del colegio, la rutina de cantar la marcha de San Lorenzo cambió durante esa época por la Marcha de las Malvinas. La marcha de San Lorenzo es una Marcha alegre y triunfal que narra un hecho histórico que está presente en el colectivo argentino y nos enorgullece. La Marcha de las Malvinas es triste y oscura y habla de un reclamo de una tierra lejana y perdida. El resultado de la guerra estaba cantado en las marchas. Una vez en casa, escuchábamos a diario los comunicados oficiales de la junta militar que eran transmitidos por todos los medios al unísono. Cambiabas los canales y era la misma transmisión, la radio una fracción de segundo más temprano repetía exactamente lo mismo. Nunca más hubo en mi país un método de comunicación tan efectivo y vertical. Todo ese otoño, que tuvo mas cara de invierno que ningún otro en la historia argentina, seguimos el curso de la guerra principalmente desde los comunicados oficiales y también los extraoficiales de la Señorita Teresa, que fervientemente contaba las hazañas del ejército argentino en el Atlántico Sur. Yo me había obsesionado con la guerra y recortaba las noticias que publicaba La Voz del Interior que se compraba en la casa de mi abuelo materno. Todos los recortes fueron a parar a un sobre de cartulina caratulado conflicto anglo-argentino, que aun conservo.


En esa época estaba partido en dos, los ingleses que hablaban tan bien su idioma, que tenían a los Beatles, obedecían a una reina mala que no nos quería devolver las islas que nos habían robado. Esa fue mi primer perspectiva de Malvinas.
Perdimos la guerra y poco después vino Alfonsín y tanto la televisión como los recuerdos pasaron del blanco y negro al multi-color. Como decían los viejos, no hay mal que por bien no venga y la post guerra trajo democracia, donde florecieron Spineta, Fito, Charly, Mercedes Sosa, Marta Minujín. También volvieron al país miles de exiliados y en plena democracia Argentina ganó sin miedo y con euforia el Mundial de Futbol del '86. Los ochenta fueron insuperables.


En las tres décadas que siguieron al '82, pasaron muchas cosas en el mundo y me pasaron muchas otras a mí. Mi visión sobre Malvinas fue transformándose. La colimba en 1990, me generó un enorme cinismo hacia los conflictos bélicos y una perspectiva horrenda sobre los soldados que perdieron la vida por una causa que desde entonces no pude justificar. Pasé una década completa en la universidad entre Argentina, España y Estados Unidos, donde tuve que mirar desde otros ángulos la realidad y suponerme en la piel de ciudadanos de otros lugares. La mayor parte de la última década la viví en Inglaterra, donde estoy radicado con mi familia. Acá aprendí que los ingleses no nos odian y que en el imaginario inglés la Argentina no es el de un país malvado, y que Malvinas no agita la misma temperatura en la sangre inglesa que en la sangre Argentina. Hay un tema, sin embargo, que irrita a los ingleses de una manera que he aprendido a respetar y a no traer a cuento en la conversación con ellos: La Mano de Dios. El gol que les hizo Maradona en el estadio Azteca el 22 de Junio de 1986 fue la revancha perfecta que consoló al pueblo argentino de la derrota en Malvinas y dejó sangre en los ojos de los ingleses. Fue un triunfo sucio, igual que el de Inglaterra en la Guerra en 1982. En México quedamos a mano.

La historia ha repartido el territorio mundial de una manera orgánica, compleja y caótica donde la justicia no ha sido la regla y donde la gente han migrado, se ha mezclado y creado pueblos nuevos, en muchos casos culturas florecientes y pacíficas, algunas son grandes naciones. No podría ser honesto con mi entendimiento si hiciera eco de la arrogancia de aquellos que han resuelto que las islas claramente pertenecen a uno u otro país. No puedo aceptar el tabú histórico que el gobierno inglés tapa en una nube de espejos y humo en nombre del principio de autodeterminación, y tampoco me gusta la necia actitud patotera del gobierno nacional que no puedo evitar interpretar como hambre de gloria por una causa que no veo tan alta en la lista de prioridades de un país donde todavía hay tanta pobreza y desigualdad. Mi lealtad está con Argentina y las Malvinas para mí serán siempre nuestras, pero lo digo con el corazón y no con la certeza de quien ve aquello que es justo.


Si tuviera la oportunidad, a Cristina Fernández le preguntaría porqué ve tanta urgencia en avivar el tema de Malvinas ahora y si consideró un método de reclamo menos político y más estrictamente diplomático. A los isleños les preguntaría si por un segundo considerarían un plan B. A Cameron le diría: Let's please talk about Malvinas.


lunes, 2 de enero de 2012

Retrato de mi Familia

Queridos Peludos y Pelados,
Este año prometo publicar más frecuentemente en el blog. Estas vacaciones me entretuve en casa editando una película corta que filme en Córdoba con mi familia. Ya lo dijo Douglas Coupland: "todas las familias son psicóticas" y la mía no es una excepción, aunque prefiero definirla como disfuncionalidad balanceada. Ojalá les guste.

viernes, 16 de diciembre de 2011

that time of the year

viernes, 27 de mayo de 2011

Desde el más acá

Volvía ayer a casa en la bici de vuelta del laburo;  pedaleaba sin mucha energía mirando para abajo, siguiendo una grieta finita que observe sobre Clerkenwell Road. Pasando Roseberry Avenue, levanté la vista y vi de fondo la rotonda de Old Street que más o menos marca la mitad del trayecto; me animé un poco ante el prospecto de llegar a casa, chacotear con Felipe y ponerme al día con Inés. Levanté el traste del asiento y empecé a pedalear con más ganas. Volví a mirar el piso y note que la grieta se abría a toda velocidad y más rápido de lo que pudo procesar mi mente, de la grieta aparecieron  vías por las que venía un tren a toda velocidad. Sin ninguna oportunidad de reaccionar chocamos de frente y morí de manera instantánea.
Justamente esta mañana escuchaba un podcast en BBC Radio 4, una entrevista que le hizo Carrie Gracie a Nando Parrado, un sobreviviente del vuelo 571 de la Fuerza Aérea Uruguaya que se estrello en los Andes en 1972. El tipo decía que no había que preguntarse ¿por qué me tuvo que tocar a mí?, que más bien uno se debiera preguntar ¿por qué no me va a tocar a mí?, Según él Dios no elige a quién hace el bien o el mal. Y hablando de Dios, lamento cantarles el fin de la película a todos los creyentes pero tengo evidencia de que Dios no existe, por lo menos no cuando te morís, acá no hay nadie. Soy una pelota de memoria sin cuerpo completamente extirpada de sensaciones y sentimientos y estoy a punto de dejar de ser.


¡Lo parió!, así en un segundo, sin esperarlo, me tocó la lotería de la Muerte y el comentario de Parrado fue mi profecía. Le pido licencia a Douglas Coupland, a quien le tomo prestado el recurso de escribir desde el más allá, para contarles la historia de mi vida y de mi muerte.


En el instante antes de morirme venía pensando en Felipe a quien le llevaba una remera serigrafiada con el dibujo de un león. Por suerte no sufrí ningún dolor, estuve despierto durante unos segundos pero no sentí absolutamente nada; lo primero que llegó fue el silencio y después la oscuridad. La remera esta en una bolsita de plástico dentro de mi bolso, me gustaría que la recuperaran, todo lo demás, lo que quedó de mi bicicleta, el bolso, mi ropa se puede tirar. Y ya que estamos con practicidades, me gustaría dejar sentado algunas cosas que tal vez hubiera sido bueno decir antes de morirme. No me importa si Felipe elije ser Ingles o Argentino, cualquiera sea la elección a mi me gustaría que sepa cosas de mí cuando era chico y que le pregunte mucho a los abuelos y a la Mamá. La gente hoy tiene muy poco registro de su ante-pasado. Pídanle a la abuela que les cuente la anécdota de Bohabdil Abu 'abd-Allah Muhammad XII, rey de Granada, de quien seguramente no descendemos directamente, pero nos gusta entretener la idea. A los abuelos Gringos vuélvanlos locos a preguntas que le recuerden la descendencia Polaca, Escocesa, Italiana y Catalana. Quiero que sepa que esta lleno de parientes antepasados que cambiaron su nacionalidad. Inés, me parece bien que te juntes con otro tipo. No explotes el perfil viudita más que para conquistar. No pienses que me va a dar celos porque no voy a ver nada, y no te persigas o especules con la idea de si  lo apruebo o no, porque seguro que no.


Antes de desaparecer del todo quiero que se sepa que mi vida fue muy privilegiada. Por suerte no me toco ninguna guerra demasiado cerca, excepto Malvinas que duró menos de tres meses y terminó con final feliz: se fueron los milicos. Fui totalmente inmune a la dictadura y que tuve la oportunidad de acceder al conocimiento prácticamente sin ningún límite.


Una desventaja de no haber llegado a viejo, morí a los 39, es que no voy a poder aburrir a mis nietos con historias del pasado. He aquí un sucinto intento de recolección autobiográfica en un párrafo.


Mi primera infancia fue seguramente muy buena, pero lógicamente no me acuerdo de nada, sólo cuentos de que lloraba mucho y que seguramente me hizo muy bien. Mis padres tenían  ambos 25 años recién cumplidos cuando yo nací, en un lugar del mundo donde a pesar de la guerrilla infame que afecto a la Argentina en los 70, nuestra familia vivió en una burbuja indiferente y separada de cualquier tipo de involucramiento y resultamos todos ilesos y sin memoria de lo ocurrido. Mis recuerdos de la infancia, en cambio, son tímidos, llenos de hermanos, primos, amigos, abuelos, navidades, caballos, perros y alboroto. La adolescencia y la secundaria sacaron lo mejor de mí. Tengo un  fotográfico recuerdo un día en el 83 cuando festejamos el primer cumpleaños de la democracia en 7mo grado.Vinieron eras de alegres jingles televisivos pegadizos de campañas políticas y dulces de leche que terminaron con un pasado oscuro que había sido invisible a mis ojos. El colegio de curas fue una experiencia bastante arcaica, donde me trataron de explicar misterios que  jamás fueron lo suficientemente misterioros para estimular mi imaginación y mucho menos mis creencias, pero los recuerdo con alegría. El servicio militar fue una pérdida de tiempo, pero también una inflexión en mi vida y una experiencia de la que saqué buenos amigos. La época de la universidad fue para mí una revelación, el descubrimiento de la ciudad de Córdoba que desconocía, y una sobredosis hormonal que probablemente justifique mi indiferencia a las drogas. Un año sabático en la ciudad más Lúgubre de España fue una conexión con migo y otros misterios mundanos. Cuando volví a Córdoba, sentí muchas ganas de vivir y de soñar y  terminando la carrera tuve un impulso irresistible por mandarme a mudar a otro lugar. Justo en ese momento volví a conocer a Inés, una chica que conocía del coro de la parroquia donde cantábamos en misa. Ella, que había ido al colegio de monjas escolapias, fue la única persona en el mundo que me entendió de verdad, y sin casi nada de tiempo para conocernos "bien" nos mudamos a Buenos Aires donde nos fascinamos el uno con el otro y con el intenso encanto de la metrópolis.  Nos terminamos casando a las apuradas para poder irnos juntos a Ohio, donde gracias a una beca Fulbright pude especializarme en Arquitectura. Este viaje fue de ida, nunca volvimos sino de visita. Los paradigmas de la convivencia en el mundo venían cambiando, un fenómeno reconocido como globalización, y justo tres semanas después de llegados a Estados Unidos pasó lo que pasó el 11 de Septiembre de 2001. En el momento que empezamos a saborear el mundo, el mundo se volvió rancio y se convirtió en un lugar menos hospitable para vivir. Así nos edificamos como extranjeros y recién graduado nos mudamos a New York y empezamos nuestra vida de adultos, tan distinta de la que soñamos pero con una magia impulsada por el propio combustible multicultural de la ciudad y por nuestros treinta años de acumulada creatividad y juventud. No paramos hasta mudarnos a Londres, donde parecía que el mundo gravitaba entonces y donde pensábamos quedarnos un par de años y terminó por convertirse en nuestra residencia permanente. En Londres lo tuvimos a Felipe y se consumó humanamente lo que a veces fallamos en reconocer como felicidad.


A muchos les quedará la sensación de que me morí en la mejor etapa de mi vida, como los mártires de Hollywood que no vivieron para tener canas y nietos. Yo morí justo en la flor de mi madurez a los 39 años, con una vida un poco aburguesada, con algunas notas de bohemia y con ideas más o menos liberales sobre casi todas las cosas. Pequeños triunfos cotidianos, frustraciones moderadas y recurrentes y una pasión calma por seguir viviendo y soñando con un futuro eternamente re-planificado a fuerza de cambios mínimos, ocupaban mi tiempo cuando morí. Hay un montón de proyectos anotados en stickies en mi mac que quedaron en la nada, una planilla Excel con nuestras finanzas que nunca cerraron ni nos cambiaron de manera significativa la existencia. Los proyectos megalómanos en los años que trabajé para Kohn Pedersen and Fox seguramente se construirán y con seguridad me decepcionarían. Las ganas de empezar un emprendimiento propio y proyectos de vivir en aun otras ciudades se fueron conmigo.

A los que nunca les dije que los quiero, mi excusa es un gen de carácter duro y castellano que me lo impidió. Entre nosotros quedará el tácito amor que se percibe cuando no estás.

miércoles, 28 de julio de 2010

Potty Training



El temita de aprender/enseñar a ir al baño por cuenta propia me tiene preocupado. Felipe es para mí una especie de alter ego filosófico que crece en mí cada día. Me provoca preguntas fundamentales como si lo que somos tiene más de crianza o de naturaleza y si es cierto que hay algo de mí en él. Me pregunto a veces si el efecto de un reto tendrá consecuencias buenas o pernicionas en el futuro y más recientemente, después de su segundo cumpleaños no paro de preguntarme qué consecuencias podrá tener en su vida el aprendizaje de hacer pis y caca solo.

Me acuerdo en los años noventa cuando con mis hermanos vivíamos todavía todos en casa, la casa de nuestros viejos,  en esa época íbamos todos a la universidad. Me acuerdo una vez que madrugué antes que los demás para ir a la facu y me encontré en la mesa del desayuno un apunte de psicología evolutiva que Josefina, mi hermana que entonces estudiaba psicopedagogía, que se había dejado en la mesa de la cocina después de una noche larga de estudio. A falta de diario matutino leí con atención y sorpresa un artículo sobre el duelo anal que me quedo grabado para siempre y que he modificado en mi modus pensandi para acomodar mis teorías sobre todas las cosas. En síntesis, el artículo propone que hay una relacion directa entre el rigor en el aprendizaje del control de esfinter anal y la personalidad meticulosa, y la afisión, a veces obsesión por la limpieza. Tanto me pegó el artículo, que tiendo a reducir todo conocimiento psicológico a un solo factor convergente: la conciencia del control del esfínter o el duelo anal.

Así, en los más de diez años que pasaron, comencé a especular sobre cuál habría sido la experiencia de distintas personas que conocí a lo largo de mi vida, cuando aprendieron a hacer lo propio en la pelela e interpretar sus conductas a partir de estas especulaciones. Cuando nos mudamos con Inés a Estados Unidos, inmediatamente se me represento cómo toda una sociedad, mucho más meticulosa que la nuestra, había sido víctima por muchas generaciones de lo que ellos llaman "potty training". Así aprendí a respetar a personajes a veces desacreditados en nuestra sociedad por su obsesión por el detalle por encima del todo, los nunca bien reputados anales. A los anales hay que recurrir siempre cuando uno tiene una duda con respecto a un código, verificación de control de calidad y por sobre todas las cosas son los que toman mejores notas de las reuniones y no sacaron ninguna conclusión más allá de lo que se dijo, el perfecto opuesto a mí, lo cual me deja pensando cómo hicieron mi Papá y mi Mamá para enseñarme qué había que hacer en esa enorme taza enlosada que había en los setenta que se llamaba pelela.

Hoy la vida me propone un desafío monumental al que jamás me habría enfrentado de no haber sido expuesto a la lectura de aquel artículo acerca de la contención. Felipe reconoce perfectamente el concepto de pis y caca, a tal punto que a veces, para demostrar lo bien que entiende después de gritar un rato largo "caaaacaaaa" anunciando que necesita cambio de pañal, toma una muestra con su propia mano y nos la enseña con cara de asco para que hagamos más expeditivo el trámite. Inés y yo, somos muy conscientes de la importancia de esta etapa anal y estamos decididos a literalmente no cagarle la vida desde tan temprano. Comentando esto con una amiga en el trabajo, ella compartió conmigo una técnica que consiste en envolver pequeño regalos y colocarlos en un estante fuera del alcance del nene y cada vez que correctamente haga pis y/o caca en el "potty" se le entrega un regalo acompañado de sonrisas y aplausos. No pude sino rechazar de cuajo esta sugerencia por asociaciones que no pude evitar entre el premio y por extensión el dinero y la genitalidad y por extensión el sexo. Pensé inmediatamente que estaríamos criando a un perverso propenso a pagar por satisfacciones genitales. A lo mejor mi análisis llego muy lejos, pero por las dudas no lo vamos a intentar.  

Ante la duda sobre qué hacer o si hacer algo o no, me apoyo en la teoría de que ante la duda, la mejor decisión es no hacer nada. En ese contexto y por no tolerar la idea de "entrenamiento" del control del esfínter, Felipe este verano experimenta sólo y nosotros sólamente le insinuamos donde sería más práctico hacer caca y/o pis, en ese orden de importancia. Mientras tanto Inés y yo seguimos limpiando debajo de la mesa, en el pasillo y hasta muy de vez en cuando en la pelela. Yeah! 

martes, 4 de mayo de 2010

Carta de Felipe al Diego


Desde Londres, como todos los argentinos expatriados por el mundo, tratamos de fomentar la argentinidad a nuestros hijos por los medios que están a nuestro alcance. Por ejemplo  el día que le salió el primer diente lo lleve a almorzar un bife de chorizo al Buen Ayre, un restorán argentino cerca de casa. Sin ir más lejos, el fin de semana pasado festejamos el cumpleaños de Felipe y mi mujer preparó alfajorcitos de Maizena para la ocasión.

Yo no soy  partidario de enseñarle a mi hijo a cantar la Marcha de las Malvinas, pero sí me gustaría que cuando crezca se reconozca argentino y que registre su argentinidad sanamente y sin conflictos heredados.
Con el comienzo del mundial en Sudafrica dentro de poco, ví una excelente oportunidad educativa. Esta es la primer copa del mundo para mi hijo de dos años y pensé que era importante hacer algo más que comprarle una camiseta y enseñarle el "vamos vamos". Pense entonces que tenía que ir un tranquito más alla de las frivolidades y fetiches típicos del fútbol y arme este poster para empezar a enseñarle que es importante jugar limplio y lindo para ganar.

Yo tuve la suerte de vivir dos mundiales donde Argentina salió campeón. Ver uno más con Felipe contribuiría a la inexorable evidencia de que se siente mejor ser Argentino que ser Inglés.

miércoles, 17 de febrero de 2010

Dejarnos quedar Indefinidamente

Hacía cinco años que esperábamos que llegara el 2 de Febrero de 2010.
Cuando llegamos al Reino Unido no teníamos muy claro si nos quedaríamos a vivir o no, pero sabíamos que si nos quedábamos 5 años trabajando continuamente en relación de dependencia, el gobierno británico nos otorgaría residencia permanente. Una vez conseguido este estado, llamado literalmente "dejo indefinido a quedarse" o mejor traducido como permiso a estancia indefinida (indefinite leave to remain) uno puede tramitar pasaporte británico cumplido el año en este poético estado.

A Londres llegamos un providencial 9 de Julio de 2004, en medio de lo que se dice fue el mejor verano en lo que va del siglo. En ese momento nuestra categoría inmigratoria era: turistas. En el 2005 conseguimos permiso para trabajar y nos parecía remoto pensar en conseguir residencia permanente y ni hablar de la ciudadanía. Veníamos de New York, con cuentos kafkanos de amigos detras de la infame Green Card.

Hoy tuvimos turno en la Home Office (algo así como la Policía Federal, pero sin ser la cana) para concretar nuestra residencia permanente. Inés anoche paniqueó por el inminente pago de mil ciento veinte extorsivas libras esterlinas por presentar la solicitud y se planteó si realmente queríamos ser británicos en el 2011 y si realmente valía lo que costaba el bendito documento de residencia. Esto, planteado horas antes de nuestra entrevista y después de haber esperado 5 años y de haber aprobado el examen de concocimiento sobre la vida en el Reino Unido, me pareció un gran absurdo y me tomó por sorpresa una desenfrenada verborragia de justificaciones que incluyó la posibilidad de que Felipe fuera a Oxford o Cambridge. Se me vinieron a la mente las preguntas del test y la estúpida manía que tienen los ingleses de hacer cola hasta para servirse comida en una fiesta de amigos. Yo soy más como el toro, una vez que apunté ya no pregunto más y arremeto, así que la pobre Inés se tuvo que quedar sin reflexion y esta mañana salimos sin chistar a buscar la residencia permanente.

Cuando nació Felipe lo registramos como ciudadano Argentino. Acá rige el infame jus sanguinis donde sólo hijos de Británicos pueden ser Británicos, la tierra no otorga ningún derecho. A Felipe en ese momento lo llevamos al consulado Argentino donde se habían acabado los pasaportes consulares y no había perspectiva de que los hubiera disponibles en el futuro inmediato. Nos atendió la gorda de Gasalla y nos informó que eshos no podían hacer nada, que de Buenos Aires no les mandaban libretas. El pobre de Felipe estaba efectivamente en un limbo de patria. Finalmente, y como podía esperarse de nuestro solidario país, a través de una amiga de un amigo nos consiguieron que apareciera en un cajón del consulado un pasaporte reservado para casos especiales que le otorgó a Felipe la Nacionalidad Argentina por Opción que en nuestro caso fue, en realidad, por falta de Opción.

Hoy finalmente dimos el primer paso serio hacia la obtención de la ciudadanía Británica y se nos permite la estancia indefinida aca. Dentro de un año los tres tendremos pasaporte británico. Vengo planeando fríamente para entonces que no se me mueva ni un pelo cuando jure lealtad a Isabel Segunda de Inglaterra y me he imaginado una burbuja de brillantina hedionda en flatulencias que me protejerá de quienes me tilden de vendepatria. Mientras tanto este año le conseguiremos una camiseta celeste y blanca a Felipe para que grite los goles del Mundial en Sudafrica.

viernes, 15 de enero de 2010

Córdoba en el Aire

Córdoba es un estado en mi mente todo el año, una explicación sincera y a veces descolorida de una ciudad cuya belleza es infotografiable.

Cuando aterrizas en Pajas Blancas, Córdoba te pega en la jeta en el instante que se descomprime la cabina del avión. Es el aire, el tipo de humedad, los ácaros que la habitan, las partículas de tierra, de cemento y de yuyos que la componen que tienen una especificidad única e irrepetible en ningún otro lugar del planeta.
Esto seguramente es cierto de cualquier ciudad, pero en el caso de Córdoba, probablemente porque vamos casi siempre en verano, tiene esa alevosa capacidad de golpearte física y emocionalmente. Esas partículas de aire al inhalarlas te producen un high corto pero de altísima definición, que podría describirse como una intoxicación que causa alucinaciones en forma de memorias de tu vida cuando eras chico, como el recuerdo patente a ese olor entre cemento y wasabi que te venía cuando te pegabas un golpe en el patio del colegio. El high se te pasa en el momento de cruzar la puerta que te lleva a la sala de arribos.

Como cordobés viviendo en el extranjero he comprobado que somos una minoría ínfima en la población de argentinos por el mundo. Hoy llegar a Córdoba en avión desde afuera implica más de un vuelo y las chances de encontrar a otro cordobés en el vuelo incial son casi cero.

Es mentira que te subís a un avión y apareces en otro lado de golpe como si nada, como si te hubieras teletransportado. No digo que se compare con el viaje en barco, pero la experiencia del viaje en avión es larga y tediosa, sobre todo cuando tenés que pasar una noche mal dormido en clase económica anticipando la llegada, pensando en quiénes van a ir al aeropuerto, los encontraré a todos más viejos, me verán ellos más viejo. Es un viaje en el tiempo.

En Aeroparque, en la puerta del vuelo a Córdoba, escuchás por primera vez el canto, que se acentúa cada año y muta hacia un lenguaje en sí mismo. Oís palabras nuevas en los más jóvenes y sonreís cuando escuchás esas inmortales como "ocote", o expresiones demodé como "estupendo" o la clásica  anteposición de los artículos "la" o "el" a los nombres propios.

De Córdoba jamás se podría haber dicho que la queremos tanto porque nos une el espanto. Pero sí se puede corroborar cada vez que uno vuelve que el cielo de Córdoba no existe en otros lugares. El cielo, que tan difícil es de fotografiar, que no es más que una ilusión óptica donde no hay mas que aire y luz.

Felipe e Inés ya están en el aire de vuelta a Londres. Volaron de Pajas Blancas a Aeroparque, se tomaron un café con un amigo y fueron en remis a Ezeiza. En Ezeiza tomaron el vuelo BA246 que llega mañana a la madrugada de Greenwich. Me pregunto si existe alguna posibilidad por infinitesimal que sea, de que partículas de aire proveniente de Córdoba lleguen impregnadas en su ropa o en un recoveco de la valija.


lunes, 16 de noviembre de 2009

Heathrow T5

Heathrow es el tercer aeropuerto del mundo en cantidad de pasajeros. Más de 60 millones de personas entran o salen al Reino Unido por Heathrow en un año. Los aeropuertos me parecen lugares extraños donde algunos parecen pertenecer y van muy decididos de aca para alla y otros van desorientados sin saber bien para donde ir o como usar el espacio y sus instalaciones.

Cuando era chico me encantaba que me llevaran al aeropuerto a ver los aviones. Siempre que íbamos era para despedir o recibir a alguien. En esa época las ventanas de las salas de espera del aeropuerto de Córdoba daban al playón y se podia ver a los aviones y a pasajeros subiendo y bajando las escaleras de embarque. El edificio viejo, que fue renovado para el Mundial 78, tenía vidrios simples y dejaban oir un ruido ensorcecedor cada vez que los aviones hacian la prueba de turbinas; se percibia el poder inmenso que los lanzaría al aire. Yo no volé en avión hasta que tuve veintipocos años cuando me fui de mochilero a Europa. Me volvieron estos recuerdos anoche cuando fui a la flamante Terminal 5 de Heathrow a llevarlos a mi mujer y a Felipe que volaban a Argentina. Me gusto acordarme de Pajas Blancas. Cuando volvia a mi casa solo en el auto por la autopista M4 me seguí acordando de cuando mirábamos los aviones despegar y aterrizar desde el estacinamiento detras de un cerco y tambien me acorde de las luces de colores de los telos en la Avenida Japón, camino al aeropuerto.

Heathrow T5 es un monstruo que juega en otra liga. 60 Millones de personas, vestidas con Saris, velos, túnicas, saco y corbata, rastafaris emboinados, valijas leopardadas, esquís, cintas transportadoras, pantallas de cristal líquico de todos los tamaños por todas partes. Una azafata negra hablaba alemán con su colega, el limpiador de pisos manejaba un utilitario eléctrico mientras hablaba por manos libres con su familia en Paquistán y un nene rubio corría ansioso hacia la escalera mecánica y después se subía a las balanzas para pesar equipaje (13.5kg) y desordenaba los diarios y revistas del la super tienda de convenincia. Finalmente llegó la hora y en contra de lo que había pleaneado lo levanté en brazos y le di uno de esos abrazos incómodos que no le gustan nada. Se lo pasé a la mamá y como buen viajero del tiempo movió la mano de un lado a otro después se la besó, me mostró la palmita y dijo "bai bai" Su destino final COR (Aeropuerto Internacional Ingeniero Taravela) en Pajas Blancas.

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jueves, 22 de octubre de 2009

Acerca de Kioto, la Argentina y los Pedos

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Resulta que ahora tirarse pedos atenta contra el medioambiente.

Como argentino expatriado en el Reino Unido siempre me jacté de que Argentina, mi país, era verde, no solo su paisaje sino también verde en un sentido ecológico. Pensaba que la huella de emisiones de carbono en Argentina era negligible comparada con la de los países desarrollados. En Argentina hay menos conciencia medioambiental que en otros países, pero claro, somos pocos y la Argentina es grande y por ende afectamos al medioambiente mucho menos. Somos ecológicos sin necesidad de mucho esfuerzo. ¿No?

Acá, en cambio, donde el consumo energético es bestial y la producción de basura obscena, está todo muy regulado y se percibe una clara tendencia a la reducción de emisiones. Las cisternas de los inodoros, por ejemplo, no pueden superar una capacidad de 6 litros. Parece extremo, pero si multiplicás la diferencia en litros, digamos un litro si las cisternas fueran de siete litros, y pongámosle que tiramos la cadena una vez por día, sacas la cuenta y sobre una población de 70 millones, tenés un consumo diario de 70 millones de litros de agua potable menos por día y ni hablar de que hay dos botones para tirar la cadena, uno para number one y otro para number two. Este es el espíritu de las legislaciones acá. Otro ejemplo: si apagamos por completo los electrodomésticos y no los dejamos en modo “standby” nos ahorramos la energía que gastan los foquitos LED y asi se aplica el microahorro en relación al reciclado de basura, el transporte, etc.

Sí se puede reducir drásticamente el consumo de energía y por ende las emisiones a partir de pequeñas medidas que afectan a millones, hay muchas formas de hacerlo y no necesariamente implican un sacrificio personal. Todo esto para cumplir con el protocolo de Kioto, que firmaron casi todos los países del mundo con la excepción de Estados Unidos, por el que se comprometen a reducir las emisiones de gases a niveles similares a los de 1990 para el 2012.

Esto viene a cuento porque leí un una nota tan interesante como absurda acerca de los granjeros neozelandeses (ellos si se tomaron Kioto en serio) en contra del impuesto a las flatulencia de las ovejas. La organización se llama F.A.R.T (Pedo en Inglés) y es una sigla que significa Granjeros en Contra de la Tasación Ridícula.

Cuando me pongo a pensar que en Argentina hay más cabezas bovinas que humanas (ahora con el boom de la soja a lo mejor volvimos a ser mayoría humana) caigo en la cuenta de que Argentina en realidad deja una huella de gases nocivos para el medioambiente mucho mayor a la de nueva Zelandia, si pensamos que las vacas se tiran pedos mucho más voluminosos que las ovejas y multiplicado por los millones de cabezas el daño es brutal.

Me imagino una Argentina desarrollada. Sueño que mi hijo Felipe vive allá. Es el año 2030 y viajamos de Córdoba a Buenos Aires por la autopista Nacional N9 (la ex ruta 9) en un silencioso auto eléctrico. Veo un paisaje de cultivo de grano peinado por gigantes irrigadoras. El cultivo es interrumpido con frecuencia por vastas granjas de animales donde hay miles de vacas pastando. Las vacas tienen unos globos enormes en el lomo que acumulan el gas metano emitido por sus flatulencias para ser luego tratado y usado como energía sostenible.

Creo que es inminente que en Argentina se tome más en serio el tema ambiental; no podemos poner en riesgo al planeta y mucho menos el asadito dominguero.


martes, 6 de octubre de 2009

"La India" Mercedes Sosa (1935 -2009)



Ayer tuve que llenar un cuestionario del departamento de recursos humanos de mi oficina donde pedían que seleccionara mi raza. Las opciones eran: blanco (de origen no hispánico), negro (de origen no hispánico), hispánico, asiático o pacífico isleño, indio americano o nativo de Alaska, dos o más razas. Mi compañía es yanqui, pero yo trabajo en la oficina europea y me pareció torpe esta sección del formulario. Una por no tener en cuenta que la etnicidad se percibe de manera diferente en Europa que en Estados Unidos y otra por la fijación norteamericana con la cultura hispánica y el uso eufemístico del término hispano para denotar mejicano o sudamericano, pero sobre todo por el garrafal error de confundir cultura con etnicidad.

El domingo a la madrugada se murió Mercedes Sosa y con la tristeza que la noticia me proporcionó también se me hizo patente el problema de incorrección política que existe en Argentina. Los medios de prensa, incluidos: La Nación, Clarín, Página, etc. se atrevieron a referirse a Mercedes Sosa, como "la Negra" Sosa. Por supuesto que la intención, o mejor dicho la licencia editorial es la de confraternizar, la de usar el sobrenombre para decir que estamos más allá de la discriminación en Argentina. "La Negra" Sosa, como si uno hablara de un amigo íntimo.

De adolescente tocaba la guitarra criolla, esto era a finales de los '80s cuando el Rock Nacional estaba en su gloria. En los actos del colegio, en los fogones campamenteros, en guitarreadas o encerrados en la pieza rascando una guitarra desafinada, cantábamos "La Masa" a los gritos y con una pasión desvergonzada de la que por suerte no queda ningún registro. En esa época, capaz que sea igual ahora, escuché decir a algún adulto que "la Mercedes Sosa" era una zurda resentida. Esto siempre iba seguido de un reconocimiento de "lo bien que cantaba" y lo reconocida que es en el mundo. La llamábamos “La Mecha" Sosa, un nombre paquete, burgués y de poncho chalchalero.

En mi expatriación, primero a Estados Unidos y ahora Inglaterra, me he vuelto excesivamente sensible a la corrección política que propone nombres aceptados como no discriminatorios a grupos étnicos o sociales. Mi sensibilidad no es motivada por cómo yo me veo clasificado sino mas bien como mecanismo de cuidado para no meter la pata y decir algo que vaya a ofender a alguien. En Argentina hay una especie de orgullo por la incorrección política, porque lo hacemos cariñosamente y sin intención de ofender. Le decimos a una mujer obesa y posiblemente acomplejada "la Gorda" o el "Negro" a cualquiera de piel tostada, en el contexto familiar, pero también despectivamente a los habitantes de villas miserias y a la clase obrera en general.

Mercedes Sosa es posiblemente mestiza criolla con raíces quechuas, y siguiendo la lógica de la incorrección política argentina y en nombre de la integración, deberíamos haberle puesto el sobrenombre de "la India" Sosa.

Mercedes Sosa cantaba como nadie en el mundo. El volumen de su voz contralto, la vibración de sus tonos bajos, su caracter amargo y su enorme figura la pintaban como una madre que podía cantar y acunar las penas de todos los que la oían. Ella no componía canciones, las interpretaba y las transformaba en suyas. "Gracias a la vida" de Violeta Parra, le dio más gloria a Mercedes Sosa que a su propia autora. Su versión de "Inconsciente Colectivo" quedó más grabada en los aleros de la mente argentina que la versión del propio Charly García.

Me dio mucha nostalgia ver a Mercedes Sosa publicada en los medios, en la prensa británica hubo cobertura en todos los formatos. Me hizo acordar mucho a los ochentas y a mi confusión política, mis dilemas burgueses y mi amor a la canción por encima de cualquier otra manifestación musical.

En honor a la difunta Mercedes Sosa, que me hizo pensar tanto sobre etnicidad, tradición, política, libertad y sobre todo disfrutar el arte del canto, puse un asterisco en mi encuesta de recursos humanos y agregué: Otro, Quechua de orígen hispánico.

jueves, 24 de septiembre de 2009

La bondad de los Juguetes de Plástico

Alguien podría decir "dime con que juguetes jugabas y te diré quién eres". Yo fui niño durante toda la década del 70, tengo mil recuerdos, algunos vagos y otros vívidos de juguetes con los que jugaba y de ocasiones en que me regalaban, mayormente Navidad, Reyes y sobre todo mi cumpleaños.

De grande volví a interesarme por los juguetes (psicoanalistas abstenerse) y sin ser coleccionista he juntado varias piezas que guardo y protejo con bastante devoción, como por ejemplo, la reproducción de un robot de hojalata japonés de los años 50, algunos autitos de colección, soldaditos y muchos playmóbiles. Me resulta un poco raro ahora con el nene, porque él tiene sus juguetes y yo los míos.

Ningún juguete tuvo en mí un impacto más fuerte que los playmóbiles. Hoy los compro por Ebay. Tengo cientos y mi juego consiste en sacarles fotos. PLAYMOBIL® sigue fabricándolos, pero los contemporáneos no me despiertan interés, tienen zapatos y las playmobil mujeres tienen curvas y tetas. Los originales (1974) tienen un par de piernas rígidas con pie incorporado y están descalzos, las mujeres el pelo carré y un vestido corto y recién aparecen en el '76

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En mi condición de padre de familia, hoy me toca pensar en juguetes desde otro punto de vista. Me veo expuesto a un mercado donde existen todo tipo de ofertas de objetos lúdicos. La clase burguesa europea, que es muy juiciosa (por no decir enjuiciadora) ha decidido que los juguetes deben ser educacionales y estimular el desarrollo intelectual de los chicos. Rechazo rotundamente esa idea y me opongo a estupidizar a mi hijo con Baby Einstein, que no es mas que una excusa para dejar a tu hijo callado enfrente del televisor. Para eso que vea los dibus que le gustan a él. Yo no estoy en contra de que los juguetes son una herramienta de aprendizaje y que el tiempo de juego es fundamental para el desarrollo de los chicos, pero vender juguetes en nombre de que tu hijo será más inteligente si juega con ellos me parece profundamente falaz y perverso. Yo creo en resultados menos calculados y me encanta ver como Felipe se fascina con algunos juguetes y a otros no les da pelota.

Felipe tiene un set de instrumentos musicales de plástico de colores que le regalo nuestra amiga Flor. De todos los juguetes de Felipe hoy ocupa el ranking numero uno el par de palos para tocar el bombo. Cuando llego a casa de laburar, después del circo que hace al recibirme y cuando se ve sofocado por mis abrazos, busca los palos y me invita a que nos sometamos al milenario juego de lucha de espadas. Acá nos han llevado a creer que lo ético es comprar juguetes orgánicos, de madera, de comercio justo, de procedencia no muy remota para evitar carga de carbono al medioambiente, etc. Me tienen inflado con la difamación de los juguetes de plástico. El juguete ideal, según quienes apuntan a este nicho de mercado, tiene que ser preferentemente de madera, de formas primitivas y de aspecto anticuado o "retro". Las pilas están prohibidas y si están hechos en China ojo con la pintura, porque puede contener plomo y producirle cáncer de páncreas a tu hijo cuando cumpla 70 años.

Los juguetes espontáneos que no han sido pensados como juguetes son prueba de que el juguete no requiere cualidades precisas para ser efectivo. Este es el top ten de Felipe: 1, cualquier teléfono, pero sobre todo mi iphone; 2, las cucharas de madera y las ollas; 3, mi cepillo de dientes y no el de él; 4 la luz de mi bici; 5, el control remoto; 6, la escobita del inodoro; 7, mi llavero; 8, las pastillas del lavavajilla; 9, el catálogo de Ikea; 10, la puerta del lavarropas

El material del que están hechos los juguetes es anecdótico. El plástico, si bien es un derivado de del petróleo, es un material sintético noble que según el tipo también se puede obtener de plantas, como la goma. Las posibilidades formales y cromáticas de los plásticos son prácticamente infinitas, de ahí lo de plasticidad que según Wikipedia es palabra griega: πλαστικός (plastikos). Ni hablar de que será un testimonio arqueológico de la cultura del siglo veinte porque durará hasta el fin de los días. No me interesa entrar en el debate de si los juguetes de madera contribuyen a la deforestación, porque creo que ese tipo de contra argumentación sólo nos lleva a necias discusiones sobre lo que está bien y lo que está mal en materia de todo. Pero sí siento la necesidad de defender a los juguetes de plástico que fueron los que usé yo y que en alguna medida me formaron.

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En la película ”Volver”, Agustina (Blanca Portillo) le dice a Paula: "Mira las joyas de plástico" refiriéndose a las joyas de su madre muerta. Paula (Yohana Cobo), le contesta: "Son una pasada". Agustina dice: "¡Plástico buenísimo!". Esa sensibilidad pop que tiene Almodóvar logra sentimentalizar al plástico de manera novedosa. En esa escena vi reivindicada mi infancia de camioncitos Duravit, pelotas de caucho color terracota a rayas blancas y por supuesto mis playmóbiles fabricados en Alemania por Geobra con el más puro ABS.

Anoche tuve un sueño muy loco que si pudiera retomaría esta noche. Estábamos en una casa familiar en Córdoba, posiblemente la de mis viejos, y festejábamos algo que podía ser Navidad. Había gente variada, no éramos sólo los de familia, sino también amigos de todas partes, los de Estados Unidos, los de Europa y los de Argentina. La comida tampoco era típicamente argentina, había bichos de mar y mesas altas para comer parados. En ese sueño se hace de día después de una noche entera de fiesta y el cansancio me da ganas de irme a dormir. Entro a mi pieza, la misma pieza de cuando era chico y encuentro mi cama y la de mi hermano tendidas con el cubrecamas Palette verde y juntadas para que durmiéramos Inés, Felipe y yo. La cama estaba llena de juguetes, algunos todavía en su embalaje. A mí no me quedaba energía para sacarlos de la cama. Me tire así, entre los juguetes nuevos que seguramente eran para Felipe. Un poco incómodo, recordé con sorprendente definición el olor que tenían los juguetes que usábamos cuando éramos chicos, un olor que seguramente está prohibido hoy. Con ese aroma y una pieza perfectamente oscurecida por persianas de madera que bloquean toda la luz, me dormí contento para despertarme y arrancar el día pensando en la bondad de los juguetes de plástico.

viernes, 18 de septiembre de 2009

Sobre el orígen del Chancho Peludo

Cuando empecé a bloguear, era casado y sin hijos. Soy argentino, cordobés y expatriado desde hace ocho años. Soy arquitecto, pero de eso prefiero no hablar por ahora. Hoy vivo en Londres y sueño con que le hago una pregunta puntual a google que devuelve una sola respuesta y no cinco mil novecientas cincuenta y ocho.

Desde hace tiempo ando buscando enfocar la atención para bloguear, un poquito de constancia para escribir y una línea de ideas que me facilite la tarea. Armé una serie de blogs en el pasado que quedaron a la larga inactivos por mucho tiempo y cuando se me ocurría seguir, ya tenía ideas nuevas en la cabeza que desechaban el planteo de los anteriores y volvía a arrancar con uno nuevo.

Mi problema es que me gusta de todo, salvo cosas muy puntuales como el fútbol con excepción de los mundiales. A esto se suma que mi espectro de atención es muy amplio, por no decir que soy disperso y me vivo yendo por las ramas. Este problema se hace presente muchas veces al momento de elegir, por ejemplo, cuando voy a restoranes chinos donde las opciones del menú son demasiadas. En esos casos elijo un número al azar, salvo que se trate de dim sum, en tal caso elijo varios números al azar.  Mi restorán ideal no tiene menú sino sólo plato del día. También por eso me aterra la pregunta: ¿cuál es tu (llene el blanco) favorito/a? Me gustan todos los libros de Coupland y desapruebo la idea de que Almodóvar era mejor en sus primeras películas. No quiero verme obligado a forzar mis preferencias.

Hace dicisiete meses nació Felipe, nuestro por ahora único hijo. Ahora soy casado con hijo. El cambio de categoría se dio de manera automática, no tuve la opción de elegir. Felipe se convirtió inmediatamente en mi ser humano favorito. Mi mujer Inés y yo concebimos un hijo sin elegir ni su carácter, ni su color de ojos, ni sus gustos culinarios. Nos tocó en suerte una configuración humana a la que no le cambiaría ningún parámetro.

El otro día mi amigo Marcos, un canario que vive en Barcelona, me pasó el dato de la revista Oblogo, una publicación gratuita, una especie de pasquín literario con artículos elegidos de distintos blogs que se publica y distribuye en la ciudad de Buenos Aires. Justo esa noche, anoche por cierto, tuve que quedarme tarde en la oficina imprimiendo cientos de documentos que tardaban muchísimo en procesar, asi que bajé el número 16 y me lo leí en una sentada corta, y cuando terminé ya venía embalado así que bajé todos los números desde el primero y los imprimí a color y en doble faz. Confieso que mi sobreexposición a tanta furia de verbo anoche despertó el indio bloguero que hay en mí. Me fuí a dormir a las dos de la mañana con ese entusiasmo que mencioné antes.

Esta mañana jugaba con Felipe y le cantaba una canción que habla de un wooly caterpilar (un cienpiés peludo) y me vino de un lugar remoto de la memoria el recuerdo del "chancho peludo", pero en ese momento no me pude dar cuenta quién era o cuándo era que se lo mencionaba. Me pregunté si era un argentinismo o si era un personaje conocido en otros lugares donde se habla castellano. Lo traduje "wooly pig" y me quedé con eso picando, hasta que más tarde, yendo en la bici al laburo, de golpe ¡me acordé!

Volviendo al tema de lo que uno elige, creo que caí en la cuenta de que las mejores cosas que me pasan, me eligen a mí y no al revés. He empezado a darme cuenta de que hay cosas que no tengo ninguna necesidad de elegir y que se presentan como evidencia patente de mi gusto y me definen humanamente. Indefectiblemente, esta sensación viene seguida por un entusiasmo disparatado. Se me ocurren cosas, como por ejemplo el plot de una película y divago que la puedo dirigir o producir, pero enseguida me doy cuenta que sueño despierto, ya mencioné antes que soy arquitecto. Otro día se me ocurre un negocio que me va a permitir abandonar mi trabajo y a medida que pasan los días la idea se va desvanenciendo lentamente víctima de las desaprobaciones de mis interlocutores, el mas severo de todos, yo mismo. Esta mañana me levanté con ganas de escribir y me pareció sensato empezar este blog.

Aprovecho la oportunidad para mandarle cariñosos saludos al Chancho Peludo.